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Encuentros coloquiales “psico-reflexivos” en sesiones unisemanales
Hay nuevas formas de percibir, entender, abordar y procesar la escucha de un analista. En este texto, se plantea una adaptación específica para abordajes concebidos como “coloquios psico-reflexivos unisemanales de una hora de duración.
Acerca de mí: Médico. Psiquiatra. Psicoanalista / Especialista de Niños y Adolescentes / Miembro titular de la Sociedad Psicoanalítica de México. SPM (Mx) / Miembro titular (Socio Vitalicio) Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. APdeBA (Ar) / Full member International Psychoanalytical Association Esta es una versión revisitada a partir de la presentada en el Ateneo de la Sociedad Psicoanalítica de México, el 14 de febrero 2026. Es parte del abordaje sobre la temática que tendrá lugar en el marco del Congreso de la FEderación de Psicoanálisis de América Latina, en Santiago de Chile, 2026. ![]() ![]() (2026-02-13) Introducción En esta presentación encaro una otra manera posible de percibir, entender, abordar y procesar la escucha de un psicoanalista en su tarea profesional. Se trata de un agregado adaptativo para abordajes concebidos como “Sesiones psico-reflexivas unisemanales” en personas que, en las entrevistas diagnósticas no son consideradas mentalmente enfermas. En caso que en el desarrollo de los encuentros coloquiales se observara algún o algunos aspectos enfermos no detectados se reconsiderará la estrategia de abordaje. Esta frecuencia unisemanal conlleva un esquema propio de abordaje, de desarrollo y de evaluación de este diálogo profesional realizado entre un psicoanalista y su “interlocutor”. Entre analistas, está instalada una eterna discusión en el sentido de si un tratamiento es un psicoanálisis o una psicoterapia Para desprenderme de esa interminable discusión he pensado en nombrar “psico-reflexión” a estos encuentros de un psicoanalista con un analizante o “interlocutor” interesado en intercambiar acerca de sus ideas y comportamientos que provienen de su sentir y pensar que lo llevan a procesar y a comportarse de cierta manera. En el protagonismo coloquial de esta dupla sus actores perciben, proceden y procesan desde su rol. El término Psico-reflexión lo inauguro en esta presentación para diferenciar este diálogo del psicoanalítico clásico. Trato también de desligarme de denominaciones provenientes de la medicina, pues este diálogo psico-reflexivo, aunque aporta a un crecimien to mental, no pretende ser una terapia para curar a un enfermo. Considero “psico-reflexión” al ejercicio de una práctica profesional realizada por un psicoanalista orientada hacia la realización de un diálogo centrado en los intereses de quien solicita sus servicios profesionales. El psicoanalista, además de percibir y procesar con la escucha de un psicoanalisata agrega a ésta los recursos de otras disciplinas cuando lo cee pertinente. Elementos analítico-reflexivos en el abordaje de este tipo de sesiones unisemanales Éstos son el resultado de un sincretismo proveniente de diversas fuentes: a - teórico-técnicas, expresadas en los textos de psicoanálisis y de otras
disciplinas psicológicas aprovechados a los fines acordados con el interlocutor, Las entrevistas iniciales Ellas sólo son un primer acto de conocimiento en el que el analista entrevista al consultante para conocerlo y enterarse en busca de qué viene y, simultáneamente, éste entrevista al analista (Inter-Vista) para averiguar si lo adopta como tal. (Carlino, R. 1991 y 2010). Psicoanálisis ¿individual? A la tarea de un analista con un analizante acostumbra denominársela “Psicoanálisis Individual”. Este calificativo alude sólo a una persona, en una tarea de dos, como si al analista se lo percibiera como un protagonista “no participante”. Sin embargo, éste escucha a su “interlocutor”, se conecta con su contratransferencia, dialoga consigo mismo y con el analizante (Cantis Carlino, D. y Carlino, R. 1987) cuando le interpreta, es decir, este es un encuentro entre dos personas animadas con su propia objetividad y subjetividad intercambiando en un campo dinámico (Baranger, W. y M. 1969) lo que desalienta, precisamente, concebir como si fuera el protagonismo de una sola persona. La adjetivación “individual” ignora el protagonismo activo del analista en el intercambio de su sentir y pensar para este diálogo en que sólo alguna de sus intervenciones son analíticamente interpretativas. En un trabajo anterior en colaboración con Vilma Torregiani (1987) dimos cuenta y desarrollamos la idea de que el analista también puede desarrollar una transferencia con el analizante. El analista no es un observador no participante que solo “mira” a través de su lente psicoanalítica a un objeto observado lo que, de ser así, llevaría a suponer que la lente psicoanalítica ya está constituida para observar las características y los mecanismos de desenvolvimiento singulares del consultante. Lo único constituído son las múltiples conceptualizaciones que sirven de base para la adecuada construcción comprensiva y creadora del analista. La percepción del trabajo de la dupla muestra que la lente que da sentido al material es “lente” y objetivo a la vez, se va construyendo a la forma y medida específica de cada acto comprensivo con la mutua participación del analista y de su interlocutor, cada cual desde su rol. En este tipo de abordaje, en las entrevistas se enuncia como conveniente la “regla fundamental” aunque, en este nuevo modelo de abordaje, no como algo primordial. Es bastante frecuente que el interlocutor del analista comience la sesión con un tema específico que le preocupa y otras veces se “deja hablar como lo pide la “Regla Fundamental”. En este modelo de abordaje el contrato o acuerdo de trabajo (Carlino, R. 2012) no se especifica ni se cierra en la entrevista sino que se va diseñando a medida que se va presentando la específica oportunidad de su formulación, lo que no está demás decir que es muy difícil. En cambio, es necesario acordar el día y la hora de comienzo de la sesión, su duración y su posible costo, si presencial, a distancia o un método híbrido. En este modelo de abordaje, las sesiones unisemanales durarán 60 minutos. Neutralidad del analista. Otro tema de frecuente motivo de observación y reflexión está relacionado con la neutralidad (Laplanche, y J Pontalis J.B, 2004) del analista. En este tipo de abordaje la denominada “neutralidad” tiene valor ético, en el sentido de dejar que el “interlocutor” desarrolle sus propias potencialidades evolutivas. Sin embargo, de tanto en tanto el analista se encuentra en situación de prestarle un “escalón auxiliar” para que el interlocutor eleve su punto de mira y, desde allí pueda ampliar su panorama de observación y reflexión. La neutralidad básica irrenunciable del analista está en el plano ideológico, religioso y de creencias que orientan el pensamiento y el proceder del “interlocutor”. Sólo corresponde observar y señalar si hay contradicciones entre sus creencias y adhesiones ideológicas y su proceder cotidiano. En este diálogo psico-reflexivo el “interlocutor” podría llegar a poner al analista en situación de respuesta concreta a la que sólo se debiera acceder si se considera que aquél, por sí mismo, está imposibilitado de lograrlo en tiempo y forma tal como si hubiera una situación extrema y urgente de consecuencias riesgosas e irreversibles. Una interlocutora, de 37 años, con un embarazo de 6 meses de duración estaba considerando seriamente divorciarse debido a que descubrió que su marido tenía una amante. Dos días después de enterarse, al levantarse a la mañana, tiene pérdidas de sangre por la vagina, siente mareos y cae al suelo En la consulta médica se le descubre una hipertensión de 170/110 y se le recomienda reposo absoluto. Ella no abandona ni suspende su idea de divorciarse y, aunque la hipertensión insiste desde el teléfono le da instrucciones a su abogado para que continúe con los trámites judiciales del divorcio. A raíz de este acontecimiento, contienúa sus sesiones por zoom durante los 7 días de la semana. Yo pienso que su decisión de divorciarse, más allá de sus razones valederas o no, puede tener consecuencias muy perjudiciales pues, en aquél momento, era una decisión impulsiva. Le indiqué que tuviera entrevistas de pareja con un analista de pareja para pueda tener más elaborada la racionalidad de su decisión. Continuó con las sesiones diarias las que, con la mejoría sintomática fueron decreciendo hasta volver a una sesión semanal. Grado de validez de estos “Encuentros psico-reflexivos” unisemanales. La brusca discontinuidad socio-económico-político post-pandemia produjo una ruptura en la armonía de lo que venía siendo produciendo un desequilibrio del ecosistema social previo haciendo impacto en la realidad cotidiana y en la mente de la población no sólo como algo más que se agrega sino como un “acontecimiento” (Badiou, A. 1988) que cambia las anteriores reglas de convivencia, las lógicas del pensamiento y los acuerdos con que fueron tejidos los intercambios entre paises y entre seres humanos. Todo esto anuncia próximas transformaciones que anulan horizontes anteriores y tienden a crear otros nuevos aún desdibujados, creadores de incertidumbre y angustia por desajuste de lo anterior e incerteza de lo que adviene. Si bien hay futuro no se vislumbra siquiera una borrosa silueta del mismo, lo que lleva a ponerse a imaginar según la tendencia a sentir de cada uno. El futuro es un supuesto que a veces, por enigmático, es vivenciado como trágico o como que “no hay futuro”, lo que, sin duda, afecta a la subjetividad colectiva e individual. Es por ello que el psicoanálisis o estos “Encuentros psico-reflexivos” tendrían protagonizar ayudando a elevar su nivel de procesamiento de la realidad social. Esta metamorfosis socio política (Carlino, R. 2000 y 2024a) afecta costumbres, valores, “lógicas de base” (1) y comportamientos para adecuarse a dicha metamorfosis. Frente a lo que adviene como discontinuo, incierto y diferente , la población necesita desarrollar el “oficio de pensar” versus el de repetir por costumbre inercial si se quiere lograr un lugar adecuado en lo que se transforma en la sociedad. Es necesario desarrollar una capacidad perceptivo-reflexiva permanente apta para lidiar con lo nuevo. El psicoanálisis que venía siendo fue creado y estructurado para personas que habitaban en un mundo material y existencial que, tal como fue, está quedando atrás y dando lugar hoy a una vida cotidiana y una subjetividad transformada. ¿Esto que afirmo sacude, acaso, las bases fundacionales del psicoanálisis? Afirmo categóricamente que no las afecta, pues ellas son muy sólidas. Sin embargo, no es posible pretender que ese psicoanálisis haya elaborado una subjetividad humana que antes no existía. El psicoanálisis como bien social La experiencia social desde la mitad del siglo XX en su permanente desarrollo evolutivo nos viene enseñado que en el transcurrir de una vida lo aprendido ya no resulta para siempre sino que en esta vida tanto en lo privado como en lo social acontecen hechos y transformaciones que impactan en nuestras vivencias y en el sentido de la vida cotidiana. Vienen aconteciendo muchas más transformaciones socio culturales y económicas en la la unidad de tiempo que antes. Si a ello le sumamos que la perspectiva de vida se está alargando, en una entera vida humana hoy hay muchas más variaciones que en el pasado, la población tiene que desarrollar su capacidad de readaptación a lo nuevo, aumentando su capacidad de duelo y, frente a lo distinto, aprender a percibir y a adaptarse a lo diferente. Si bien es muy amplio y denso el desarrollo alcanzado por el psicoanálisis no alcanza a lo nuevo que viene adviniendo tales como el incremento de cambios en los paradigmas de convivencia, nuevas ansias imperiales que pretenden apropiarse de la tierra ajena, varios millones de migrantes (Carlino, R. 1986) deambulando por donde los encuentra la marcha, muchas veces maltratados, otras asesinados y otras menos, bienvenidos. Guerras magnas que atacan, matan y destruyen ciudades enteras. Guerras cuerpo a cuerpo entre vecinos de distinto origen racial o religioso, una guerra genocida que, por la experiencia dejada por la segunda guerra creíamos desaparecidas para siempre, sin embargo están hoy a la orden del día, y otros acontecimientos transformadores que dejo sin descibir acá. Los psicoanalistas contemporáneos, en conocimiento de la actual problemática del humano, tienen interés en acceder a la investigación de la nueva subjetividad en permanente instalación por lo que les resulta insuficiente estar encerrados en su propia disciplina. Un analista debe ir completando su formación accediendo a los saberes de otras disciplinas. La metamorfosis actual necesita un psicoanálisis en plenitud de su desarrollo evolutivo que anhele aumentar su abanico abarcativo de acceso más masivo a la población, no solo como terapia sino también introduciéndose en el pensar y procesar de las instituciones y de las personas para aumentar en la población dicha capacidad pues necesita no sólo detenerse en mirar el pasado perturbador sino conectarse con lo que adviene en el presente. Esto favorece la elaboración de lo actual para poder dialogar desde y con lo nuevo y diferente desarrollando una mirada más plural que alcance con mayor precisón lo singular y lo diverso de la población y de cada analizante. En la actualidad se requiere estructurar y legitimar nuevas concepciones y formas de abordaje en concordancia también con las expectativas y las posibilidades psicoanalíticas de la población en función del costo de tiempo y económico que requiere una sesión. Esto apuntaría a lo que yo denomino “un psicoanálisis posible”. Los análisis de alta frecuencia están indicados para “analistas en formación”, para “pacientes severamente perturbados” y/o de “difícil acceso”, (Josef. B. 1977; Rosenfeld, D. 2000 y Carlino, R. 1992) y para analizantes que tengan motivación y puedan hacerse cargo del tiempo y dinero que un análisis de estas características requiere. La necesidad actual de pensar y pensarse de la depoblación Es muy alta la cifra de la población que necesita y también anhela pensar la nueva realidad que se está atravesando y desearía psicoanalizarse pero no le resulta posible con los métodos clásicos. Muchos son los tratamientos individuales de baja frecuencia que son concebidos como “psicoterapia psicoanalítica” de una sesión semanal realizado por analistas que debido a que no cambiaron las premisas básicas de la percepción, comprensión y elaboración del material, les resulta ir caminando siempre con la sensación de una ropa muy ajustada que impide caminar con soltura. A mi entender, es necesario promover como legítima la construcción de modelos estructuralmente diferentes de abordaje del diálogo analítico lo cual abre nuevas posibilidades a la población y también al psicoanalista en su trabajo cotidiano apuntando hacia ese “psicoanálisis posible”. Para ello es necesario agregar a la formación de analistas nuevos contenidos conceptuales y nuevas técnicas de implementación con espíritu inclusivo hacia la población, basados en la teoría psicoanalítica y en ramas de otras discipinas que complementan la comprensión y elaboración al material aportado. Considero al psicoanálisis como riqueza cultural que puede adaptarse para ser puesto al alcance de la población que lo requiera, implementado de manera creativa averiguando en cada ocasión “lo singular y lo posible”. Para ello el analista en su formación permanente debe apoyarse en: * una institución psicoanalítica participando en “Ateneos clínicos”, en “Talleres de Inter-visión clínica” (Carlino, R. 2023), grupos estos donde con regularidad semanal se elabora material los colegas participantes expenen su propio material clínico y lo elaboran entre ellos. Es algo bueno para el desarrollo de las ideas analíticas que los analistas que sienten disposición a escribir hagan públicas sus experiencias clínicas y su propio desarrollo comprensivo. *participar en cursos y encuentros de diálogo elaborativo entre colegas durante
toda la vida profesional lo que garantizaría poseer una ductilidad elaborativa y
lo preserva de una “esclerosis” conceptual. * una formación analítica tal que lo capacite y lo apoye en la creación específica de encuadres adecuados a cada analizante que también puedan apuntar a un psicoanálisis posible. Acceso de la población al bien Psicoanalítico Quienes requieren asistencia psicológica y para ello consultan a un psicoanalista no siempre conocen qué es el psicoanálisis, qué puede ofrecerle y a su vez demandarle. No resulta sencillo ni simple ni tampoco adecuado indicar un “psicoanálisis” a un consultante que sólo viene en busca de “Ayuda Psicológica”. Es necesario averiguar el grado de disposición del consultante y sus actuales posibilidades asistenciales revisando periódicamente su evolución. El psicoanálisis de alta frecuencia semanal está limitado a alcanzar a aquella parte de la población que materialmente puede y está dispuesta a hacerse cargo de sus exigencias metodológicas y materiales. Los “Institutos de Psicoanálisis” debieran incluir en su enseñanza métodos de abordaje tales que un analista pueda lograr un alcance profesional más masivo, para evitar caer en “el que mucho aprieta poco abarca”. En una publicación mía (Carlino, R. 2010), decía: “Un psicoanalista –vigente como tal– mientras mantenga una postura profesional ética, tiene habilitada la posibilidad de aplicar el método como lo crea más conveniente, aunque no haya una coincidencia exacta con la silueta emanada de los tratados teóricos y técnicos del psicoanálisis. Hágase según arte (‘h s/ a’) llevaban escrito al final las antiguas recetas médicas magistrales, lo cual indicaba la confianza del médico en el arte, ciencia y ética del farmacéutico al momento de aplicar sus conocimientos”. Desde hace varias décadas, especialmente en latinoamérica, se observa que los analistas en su práctica profesional han declinado su pretensión de analizar con alta frecuencia a quienes no pocos consultantes que requieren de sus servicios. Para ello han concebido la posibilidad de abordajes psicoanalíticos de menor frecuencia semanal además de adaptar en la medida de lo posible el costo económico de cada sesión. Sólo esta adaptación será válida si se revisan la metodología de trabajo y las metas a alcanzar. Si persistimos en recorrer los caminos perceptivos y operativos a los que estamos acostumbrados no será posible pretender percibir algo diferente ni tampoco procurar arribar a metas distintas de las ya conocidas. Esta variación en la frecuencia semanal y la transformación operativa y
elaborativa está aportando una valiosa experiencia de conocimiento y lleva a
insistir en esta nueva manera de entender y procesar el diálogo, ahora encarado
por mí en esta presentación,como coloquio psico-reflexivo. Con esta intención de aprovechar el rico contenido del análisis y el saber proveniente de otras disciplinas no estoy pretendiendo crear otro psicoanálisis sino crear otra clase de abordaje para que un analista en su diaria tarea profesional pueda lograr más accesibilidad a la población concibiendo otra metodología de implementación de su diálogo profesional con otras metas y otro esquema de evaluación. Para lograrlo, en las entrevistas iniciales, se debe ir testeando con el entrevistante qué tipo de abordaje coloquial puede irse armando en el que, por supuesto, estará presente la formación analítica del analista además de otras ideas tomadas de otras escuelas no analíticas que considere oportuno conveniente aplicar comenzando -insisto- con “lo posible” poniendo atención y esperanza en sus posibilidades evolutivas. Cuando las denominaciones “sugieren” De tanto en tanto he puesto atención en algunos términos explícitos que contienen ideas latentes que inducen subliminalmente a la dupla analítica. Acostumbramos a denominar “paciente” al interlocutor del analista cuando no siempre es alguien que está mentalmente enfermo. Esta denominación funciona como un apelativo que remite a una situación médica, en que el analista sería “consultado” por un “paciente” (de esto deriva el término consultorio) y éste está puesto en situación de “ser curado” o sea que pone al analista como “sujeto curador” y al denominado “paciente” en situación de “objeto a ser curado”. Desligarse del término “paciente”, cuando quien consulta no es considerado “enfermo” permite aprovchar las potencialidades del analizante, en el sentido de que él también tenga un rol activo en este proceso reflexivo , dentro de la sesión con el analista y también fuera de la misma. Estos análisis de una sesión semanal (Lancelle, G. 2001, Cabral, A. et Alt. 2018) comenzaron a practicarse hace varias décadas. La gigantesca crisis económica de Argentina de la década de los 80’ llevó a revisar la concepción psicoanalítica de trabajar 4 a 5 sesiones por semana, no porque haya quedado descalificada en sus cualidades sino por imposibilidad económica de ser aplicable. Con el correr del tiempo algunos psicoanalistas fuimos tomando conciencia que ese dialogo disminuido en el número semanal de sesiones producía efectos fértiles en analizantes “no enfermos”, es decir, personas que entran en relación con el analista con la finalidad de poner en diálogo sus inquietudes cotidianas. Con el trascurso del tiempo de tratamiento, hablando y asociando, el “interlocutor” del analista no sólo amplia su comprensión de que hay algo más de lo que su mente percibe, que para pensarse debe explorar con el analista algunos aspecto que no tiene consciente y también la necesidad de ubicar el tema que le preocupa en la complejidad su situación, además de ver que puede jugar un rol activo en el des-cubrimiento de lo que está pero no percibe. Es así como el analizante va adquiriendo una diferente conciencia de su realidad psiquica manifiesta inaugurando dentro y también más allá de la sesión una actitud de auto-investigación que además de resistencias también puede producirle un entusiasmo perdurable durante la semana hasta la próxima sesión. En el mejor de los casos se observa una actitud de auto- análisis, es decir, co-partícipe de la investigación analítica. Un ejemplo de modo de intervención interpretativa del analista es aquél que invita a su inter-locutor a la coparticipación investigadora. Sería así: “mientras te escuchaba se me ocurrió ‘tal cosa’ ¿te parece que podría también pensarse de esta manera?” lo que promueve en el analizante en ser partícipe activo del análisis. Cuando me dirijo así al interlocutor, no es que esté dudando, al contrario, tengo cierta certeza, pero opero así para darle lugar al analizante psico-reflexivo a la construcción de la comprensión de sí mismo lo que además le da lugar a que pueda agregar algo más por asociación. Otra manera de evaluar el proceso analítico En estos análisis de baja frecuencia propongo evaluar al proceso analítico observando la evolución del analizante, partiendo de la idea que el diálogo analítico (Carlino, D. y Carlino, R. 1987) no sólo es con el analista sino también del analizante consigo mismo dentro y fuera de la sesión en la oportunidad que le ofrecen, además del espacio de la sesión, las 24 horas del día, los 7 días de la semana durante todo el año: “24 x 7 x 365”. Con este esquema de trabajo un “interlocutor” si dialogara durante cuatro años con su analista, tendría 200 oportunidades de intercambio con éste, y esos años de su vida para dialogar también consigo mismo y con “la vida”. Huelga decir que este aprendizaje de abordar el pensamiento tiende a perdurar más allá de esta experiencia. Estos análisis no son una versión achicada del psicoanálisis clásico, es un derivado del mismo. Muchas veces erróneamente concebido como psicoanalicito. No buscan comparación alguna sino que anhelan alcanzar un logro que además de singular es posible y también fértil para el analista, el interlocutor y la sociedad. No es un psicoanálisis pret a porter (listo para usar) sino una práctica analítica haute couture (de alta costura) hecha con destreza profesional y, en lo posible, a la “medida específica de cada analizante”. Su implementación debe ser diseñada con cierta disciplina metodológica donde la improvisación debe ser producto de una inteligente creación ad hoc, es decir, a propósito de la singularidad de cada momento del analizante. Esta experiencia coloquial pone al analizante en diálogo consigo mismo, con sus seres cercanos y con la vida misma en el trascurrir de ésta. El analista agrega para sí el diálogo interno que pueda promoverle la lectura de los apuntes registrados en una bitácora acerca de lo anotado en ella y el desarrollo de ese proceso analítico. Además agrega intercambio coloquial cuando comparte su experiencia con la opinión de sus colegas. Observaciones a registrar periódicamente en un bitácora de trabajo * la variabilidad o, su opuesto, la adherencia repetitiva de los temas traídos a sesión, esta última como adherencia a lo establecido y resistencia a lo desconocido, * evolución de la capacidad del analizante de fantasear o de permanecer adherido a las palabras lo que conlleva poder observar el desarrollo del nivel de simbolización, * contemplar si hay o no un desarrollo evolutivo de una básica actitud narcisista en fértil relación hacia sí y hacia el prójimo, * observar la actitud elaborativa o, su opuesto, obstructiva, en relación con lo aportado por el analista, * registrar el grado de cooperación de la parte adulta del analizante en contraposición a la infantil. La lectura periódica de esta registro aporta al analista una visión “macro” del proceso evolutivo de ese diálogo psico-reflexivo Lo recién expuesto es una primera intención de registro evaluatorio, el cual
puede ser ampliado. 1 - Lógica de Base. Denomino así a un paradigma perceptivo que opera como “lente” trasparente la cual otorga a lo percibido una apreciación subjetiva que instala una postura lógico-axiomática que aporta una orientación y sentido a lo percibido, a su elaboración y al proceder subsecuente, Carlino, R. (2.000; 2010)
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